Proyecto 333, más espacio en tu armario

El otro día decidí  hacer el cambio de ropa de temporada de rigor. Saqué los obrigos y jerseys de lana y los sustituí por vestidos de verano y bikinis. Me encanta este cambio en mi armario y lo que significa: no más frío, comer helados, caminar descalza por casa y terracitas nocturnas.

 Pero este año fue distinto. Mi armario estaba a rebosar. Tenía tanta ropa que cuando estaba sacándolo todo encontré prendas de las que me había olvidado completamente. Y cuántas decisiones mañaneras de quemepongo estaba teniendo últimamente…

Así que he decidido ser un poco drástica y unirme al Proyecto 333, que consiste básicamente en usar solamente 33 piezas de ropa (zapatos y bolsos incluidos) durante 3 meses. Elegir aquellas piezas con las que realmente me siento cómoda y reducir tajantemente el tiempo que dedico todos los dias a decidir que me voy a poner.

Así que a falta de decidirme entre las últimas prendas, voy a dejar mi armario con 33 piezas solamente (lo más combinables posible) y me lanzo a hacer el experimento el 1 de Junio (aunque las reglas dicen que tocaría empezar el 1 de Julio).

¿Por qué lo hago? Éstas razones me terminaron de convencer. ¿Lo terminaré? En poco más de 3 meses lo sabremos…

¡Regalo perchas!

Mi armario vacío, en pleno cambio

Anuncios
Proyecto 333, más espacio en tu armario

Las tres pes

¿Somos felices en el trabajo? No parece que sea una pregunta adecuada en los tiempos que corren y precisamente por eso a veces ni siquiera nos lo planteamos porque no está el horno para bollos. Por triste que parezca hay gente que no se lo plantea en toda su vida. “El trabajo es trabajo” dicen. ¿Conformistas? ¿Cómodos? ¿Pasotas? ¿Realistas?

Para mi el trabajo ideal sería aquel que tiene estos tres ingredientes:

Hay gente afortunada que no necesita que se cumplan las tres para ser feliz en su trabajo, depende de su situación y sus prioridades. Pero aquella gente que consiga reunir las tres pes nunca se sentirá infeliz por hacer lo que hace, estoy segura.

El mío actualmente no reune las tres, al igual que le pasa a la mayoría de la gente: esa cajera que nunca estudió ni aspiró a nada más, ese dentista que estudió para heredar la clientela de la clínica de su padre, esa chica que se preparó unas oposiciones porque era “un trabajo para toda la vida”. Todos llega un momento que se aburren.

Ahora cambia el chip.

  • Imagina que esas fotografías que hiciste en tus últimas vacaciones te las comprase la revista National Geographic para realizar un reportaje del lugar.
  • Imagina que esas camisetas que diseñas en tus ratos libros y vendes en cuenta gotas en Etsy despiertan la curiosidad de Zara y te compra los diseños por una pasta.
  • Imagina que te encanta cocinar y tienes un canal en youtube donde subes videos haciendo tus recetas, un productor de la tele los ve y te da tu propio programa de televisión y tu fama de arguiñana sube como la espuma.
  • Imagina que te lias la manta a la cabeza y te vas a dar la vuelta al mundo de mochilero, escribes un diario de viaje durante el trayecto que al volver conviertes en libro y se convierte en best-seller.

Imagina…

Podría seguir. Eso es lo bonito. ¿Vale la pena luchar por nuestros sueños? Es elección de cada uno.

Reflexión de viernes patrocinada “espiritualmente” por workisnotajob. Recomendada la visita.

Las tres pes

30

Este fin de semana celebré que cumplía nada más ni nada menos que 30 años. El cambio de dígito es inapreciable al ojo humano pero no a la mente. Dejé la duda de los veintitantos para pasar a ser una treintañera sin tapujos. En fin, seguro que ya no sonaré tan decidida al rectificar a las dependientas o camareros cuando me trataban de señora.

La cuestión es, que como era una fecha especial, celebré junto a una buena amiga (que cumplió los mismos el mes pasado) una fiesta como se merecía. La preparamos a conciencia y terminamos rendidísimas, pero al final, cuando ves que todo ha salido bien, vale la pena.

 

  La Fiesta Pirata   ☠

Nunca había preparado una fiesta temática y tiene su rollo si la gente acompaña. Empezamos enviando las invitaciones, of course. Como mi amiga y yo nos conocemos desde la guardería, hicimos un collage de fotos antiguas y nuevas soplando velas. 100% handmade, unas fotocopias en color y listo. Eso sí, no desvelamos de que sería la fiesta pero pedimos que todo el mundo viniese con pantalones negros, camisa blanca y un pañuelo negro o rojo.

La decoración del sitio fue otro cantar. Compramos banderines, combinamos los colores de la mesa (mantel, servilletas, vasos y cubiertos), lo llenamos de velas y le dimos la iluminación adecuada. Además, otra amiga nos prestó un montón de material temático que, para nuestra suerte, guardaba de su última fiesta. Nos quedó genial.

Como detallazo la amiga que nos dejó el material para decorar el espacio se curró una maqueta de un barco pirata con sus islas. Lo hizo todo con material reciclado e hizo muñequitos a los que pegó una de la cara de cada uno de los invitados. Gustó tanto que cuando terminó la fecha y se marcharon cada uno se llevó a su miniyo a casa. ¿Qué recuerdo más original que ese?
En cuanto a la comida no nos calentamos mucho la cabeza. Eso sí, teniamos una tarta-barco que nos hizo un amigo con mucho cariño. Y varios cócteles de ron que no podían faltar. La banda sonora de Piratas del Caribe de fondo y parches y chalecos para todos. Ya tenemos una fiesta pirata!

 

30