Hemos dejado de sorprendernos

El otro día fui a casa de mis padres y me encontré con bolsas llenas de trastos viejos. Aunque me pareciese increíble mi madre estaba haciendo limpieza en el armario del pasillo (un armario empotrado enooorme al que nunca nadie le había visto el fondo) y estaba deshaciéndose de decenas de antiguallas: consolas, juegos de mesa, estuches de cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, etc…

Entre todas esas cosas descubrí nuestra antigua Polaroid. Todas las fotos de mis cumpleaños hasta los 10 años son de esta cámara. Recuerdo que me encantaba poder tener mi foto enseguida. Siempre se dice que una foto congela un instante, y es verdad. Pero no te das cuenta de cuanto lo es hasta que no experimentas la sensación de tener en tu mano esa foto que recoge el momento que acaba de ocurrir.

Esta cámara me ha visto crecer

Esto me dio que pensar. He visto casi casi nacer Internet (como buena informática que soy siempre me ha interesado este gran fenómeno). Con él vino el correo electrónico y poco a poco fue matando al correo postal. Era increíble poder enviar un mensaje a la otra parte del mundo de forma inmediata. Después llegaron las cámaras digitales. Y los blogs, y poco a poco la gente que quería iba teniendo una presencia en el mundo virtual.

Pero el último gran avance fueron las redes sociales y los smartphones. Estoy en la calle y veo como atracan a una señora. Lo grabo en vídeo y lo subo a Youtube. Mañana ese delito habrá sido visto por cientos o miles de personas de todo el mundo. O quiero que mi exnovio vea lo bien que me lo estoy pasando en esta discoteca de Ibiza. Pues me hago una foto con el móvil y la cuelgo en Facebook. O whatsappeo con mi amiga de Asturias mientras espero mi turno para el dentista y ella hace la cena. Y de paso le envío mi foto de Ibiza también.

La comunicación ha dejado de sorprendernos porque ya no hay que esperarla. Por eso tienen tanto auge las cámaras Polaroid, es una fusión que reune el formato físico del pasado y la inmediatez del presente. De hecho tiene miles de fans en todo el mundo.

La cuestión que nos podríamos plantear es ¿vivimos ahora mejor? Y mi respuesta particular es un rotundo si. La capacidad de sorprenderse hay que cultivarla uno mismo y no dar por hecho todo. El otro día me preguntaba… ¿por qué he de hinchar las ruedas de mi bici si no han pinchado, por donde se sale el aire? ¿O por qué la pasta de dientes sale a rayas del tubo?

Sorprenderse hoy en día es elegible, sólo hay que pararse a mirar más de cerca las cosas del día a día.

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